Cien años de soledad

Autor: Gabriel García Márquez

Fecha publicación: 1967

Género: Novelas / Ficción y Literatura / Clásicos Universales / Literatura Latinoamericana

Cien años de soledad es considerada una de las novelas más importantes de la literatura latinoamericana del siglo XX. Obra del gran escritor colombiano Gabriel García Márquez y máxima expresión del realismo mágico. Leer esta novela es adentrarse en la historia de siete generaciones de una familia que se encuentra condenada a la más profunda de las soledades.

Resumen y sinopsis

La novela tiene como escenario principal el mágico pueblo de Macondo, en el que se evidencian costumbres y vivencias del propio García Márquez cuando era un niño en su natal Aracataca, en el Caribe colombiano.

En esta obra, el tiempo pasa como si fuera eterno y la narración se asemeja más a la oralidad tradicional de los pueblos de la costa colombiana. Aunque dentro de la obra no se establece una fecha exacta, Cien años de soledad podría ubicarse entre los siglos XIX y la primera mitad del siglo XX, momento en el que las guerras civiles tenían lugar en Colombia.

Breve biografía de Gabriel García Márquez

El premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, nació en la Ciudad de Aracataca, Colombia, en 1927 y murió en Ciudad de México en el año 2014.

García Márquez es considerado una de las figuras más representativas de la literatura universal y principal representante del denominado Boom Literario Latinoamericano, fenómeno que en los años 60 hizo que Europa se interesara por la literatura hecha en Latinoamérica.

La obra de este escritor colombiano no solo se caracteriza por la expresión del realismo mágico que en ella hay, sino también por la insuperable manera de narrar que tiene el autor de Cien años de soledad.

Pero de García Márquez no solo destaca la obra que le mereció el Nobel, pues otros textos forman parte de sus celebrados relatos. Algunos de ellos son: Los funerales de la Mamá Grande, Crónica de una muerte anunciada, La mala hora, entre otros.

Resumen de Cien años de Soledad

Al adentrarte en la novela te encontrarás con la historia de la familia Buendía, esa que durante siete generaciones permaneció en Macondo y que está signada por un crimen que no da paz al patriarca, quien más tarde perderá la razón.

Por otro lado está Macondo, el pueblo que conocerá un momentáneo y estrepitoso  auge económico. Pronto el progreso económico que tanto alegró a sus habitantes pasará y el pueblo  -junto a sus habitantes- caerá nuevamente en el abandono al que parecen estar destinados.

Entre el capítulo I el V

Nos adentramos en los recuerdos del coronel Aureliano Buendía, quien se acuerda de cuando su padre iba con él y su hermano a ver la caravana de gitanos que llegaba todos los años. Allí, Aureliano tocó un hielo que quemaba.

Con la llegada de la caravana también hacía su aparición Melquíades, un extraño gitano que al final de cada visita entregaba los tesoros recolectados, todo lo que veía a su paso, al padre de Aureliano, José Arcadio.

A Úrsula, la mujer de José Arcadio, no le agradaba la llegada de esta caravana ni que su marido gastara lo poco que tenían en este, pero poco podía hacer. A sus hijos les alegraba ir y su marido disfrutaba de los espectáculos de aquellos gitanos.

Así avanzan los días en Macondo hasta que llegamos al momento en que se nos cuenta que José Arcadio Buendía hizo una sociedad con el bisabuelo de Úrsula, que se convirtió en un productivo negocio para ambos. Tal situación afianzó aún más los lazos entre José Arcadio y Úrsula. Pero, la madre de Úrsula no estaba de acuerdo con la relación, pues consideraba muy peligroso tener descendencia, ya que estos eran primos. Se contaba que los primos solían tener hijos con cola de cerdo.

Además, también se dice que José Arcadio Buendía, durante un duelo de honor, asesinó a Prudencio Aguilar cuando se burlaba del matrimonio no consumado de Úrsula. Resulta que ella temía tener hijos con cola de cerdo y, por ello, no había mantenido relaciones sexuales con José Arcadio.

La muerte de Prudencio generó gran culpa entre Úrsula y José Arcadio. Por ello, hartos de la persecución del espíritu de Prudencio, decidieron marcharse del pueblo y fundar uno nuevo.

El nuevo pueblo fue llamado Macondo y lo fundaron José Arcadio y algunos amigos. Las primeras casas eran pequeñas chozas ubicadas cerca al río. El matrimonio Buendía tendría tres hijos: José Arcadio, Aureliano y Amaranta.

La casa de los Buendía era visitada todas las mañanas por Pilar Ternera, quien solía ayudar a Úrsula con las labores hogareñas. Un buen día, Pilar y José Arcadio iniciaron una relación, de la que se enteró Aureliano.

Se cuenta que un jueves de enero nació la pequeña Amaranta y que Úrsula estaba contenta porque la niña se veía completita.

Por su parte, Pilar Ternera tuvo un niño, que pese a lo que deseaba Úrsula, fue llevado a la casa de sus abuelos y recibió por nombre Arcadio. Pero, la llegada del niño llegó con una condición: la abuela pidió que nunca se le revelara su verdadero origen. Lo llamativo fue que la misma Pilar tuvo un hijo de Aureliano, a quien llamaron Aureliano José.

Con el tiempo José Arcadio se convirtió en la autoridad del pueblo, nada se podía hacer sin antes conversarlo con él.

Úrsula, por su parte, siguió a cargo de su negocio, el de las galletas y peces azucarados, mientras que Aureliano se convirtió en un hombre muy diferente a su hermano: todos lo veían como un platero silencioso. Al parecer, su oficio, la platería, era lo único que le importaba.

Un día apareció Rebeca. Llevaba una carta para José Arcadio y en una caja los huesos de su padre. En el pueblo se decía que la niña era sordomuda, pero lo que en realidad sucedía era que Rebeca tenía el vicio de comer tierra y cal. Úrsula, que se dio cuenta de esto, hizo de todo para ayudarla, no desistió hasta que por fin logró que la niña dijera sus primeras palabras.

Otro episodio que llamó la atención de todos en Macondo fue la llegada de la enfermedad y el olvido. Lo bueno fue que Melquíades, el gitano, rápidamente los curó.

Con el pasar del tiempo y una vez entradas en la adolescencia, Úrsula mandó a hacer una gran fiesta para celebrar que Rebeca y Amaranta ya estaban grandes. Fue así como llegó el bailarín Pietro Crespi a la fiesta de las niñas. Ambas se enamorarían de este.

Pero, pronto, Prieto se tuvo que ir del pueblo y Rebeca, por su parte, se quedó sufriendo en silencio. El único que la entendía era Aureliano, pues él también sufría de mal de amores. Estaba enamorado de la más pequeña de los Moscote. Pilar Ternera se entera de esto y hace que la joven acepte casarse con él.

El matrimonio fue aceptado, pero bajo una condición: Rebeca también debía cumplir su deseo de casarse. Establecido el acuerdo, por fin llega el día del matrimonio entre Aureliano y Remedios Moscote.

Rebeca no podía ocultar la tristeza que le causaba la demora de Prieto. Por su parte, Amaranta, en su afán de impedir la boda, propuso que esta se llevara adelante una vez el cura, que fue llevado por el señor Moscote, culminara el templo. La construcción de la edificación se dio luego de 15 años.

De cualquier modo, los deseos de Amaranta se cumplieron y la boda fue aplazada definitivamente. No hizo falta esperar a que el templo se terminara, pues Remedios fue encontrada sobre su propia sangre y con el vientre atravesado por unos gemelos.

Tras aquel suceso, una tarde apareció José Arcadio que, hacía tiempo, se había marchado con los gitanos.  Rebeca, al verlo, se olvida de Pietro y se enamora perdidamente de Arcadio. Aureliano, por su parte, se va a la guerra civil y después de un tiempo se convierte en coronel.

Entre el capítulo VI y IX

Nos encontramos con el mítico Aureliano, un hombre del que se sabe poco. Sin embargo, siempre llega una que otra noticia de él a través de sus hijos. En total tuvo 17 y se dice que todos los hizo cuando estuvo en la revolución con diferentes mujeres.

Por otro lado, está Arcadio, nieto de José Arcadio, a quien Úrsula no le perdona que se haya convertido en un dictador. Además, Úrsula no disimula su repudio hacia Rebeca y José Arcadio. Ella afirma que son una deshonra para la familia. Por ello, estos deciden irse de la casa.

En tanto, Prieto y Amaranta inician una amistad que pronto se convierte en amor. Prieto le pide matrimonio, pero esta se niega y él decide cortarse las venas.

Así transcurre el tiempo y llegamos al momento en el que ya ha terminado la guerra y el coronel Aureliano Buendía se encuentra condenado a muerte, pero la condena no se cumple, porque antes del fusilamiento, José Arcadio lo rescata. Después del rescate el coronel y algunos de sus hombres, seis para ser exactos, se van de Macondo para seguir la revolución.

Entre el capítulo X y el XV

Ya la guerra ha finalizado y Macondo le abre las puertas a una compañía bananera que, se cree, traerá desarrollo y prosperidad al lugar, pero pronto los conflictos sociales aumentan y esa prosperidad que tanto alegraba a los habitantes, se va desvaneciendo.

Macondo pasa de ser un lugar en el que el desarrollo reinaba a convertirse en un pueblo donde la represión muestra su peor cara. A la cuarta generación de los Buendía le toca ver cómo la sangre tiñe las calles del lugar.

Entre el capítulo XVI y el XX

Ya hacia el final de la novela nos encontramos con un Macondo que solo queda en el recuerdo de algunos.

Aquella tierra mítica es atacada por un diluvio que ocasiona caos sobre la ciudad. Con el desastre también llega el fin de los hombres y mujeres que fundaron aquella enigmática tierra.

Ahora, a los Buendía no les queda más que convivir en un lugar que se encuentra devastado, casi a punto de desaparecer. Aquel apellido, al parecer, no sobrevivirá a la decadencia de Macondo.

El último de los Buendía, de nombre Aureliano Babilonia, explica las profecías en las que Melquíades narra la destrucción de Macondo. No había pasado ni minuto cuando, tras leer el augurio, el destino de Macondo se cumplió.

Ya nadie tiene duda de que la familia fundadora del lugar siempre estuvo condenada a vivir cien años de soledad.

Análisis de Cien años de soledad

No cabe duda de que Cien años de soledad sea una obra maestra, sin embargo, algunos aún no se han adentrado en ese mundo que creó García Márquez para deleitar a todo aquel que visite el mágico pueblo de Macondo.

Razones para leerlo sobran: una prosa que te envuelve desde la primera línea, así como frases que ningún lector podrá olvidar jamás.

Además se trata de una historia familiar que te pasea por varios sentimientos. El lector se convierte en testigo de sus alegrías y amarguras, así como de su siglo de soledad.

Macondo es cualquier pueblo de Latinoamérica y reflejo de lo que sucedió en el continente una vez terminaron las guerras de independencia, que le sacudieron durante años. Es la forma que mostró el autor para hablar de las incertidumbres, miedos y tristezas de los que batallaron y de los que los esperaban.

El pueblo creado por Márquez es representación de un pasado que no existe, pero que persistió en la memoria de quienes lo vivieron, aunque finalmente se resignaron a dejarlo ir.

La recomendación a ti que aún no lees Cien años de soledad es que te adentres en esta novela y dejes que los Buendía te cuenten cómo son los días en ese pueblito del caribe llamado Macondo.

Frases

“Todavía no tenemos un muerto. Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo tierra”.

“El tiempo aplacó su propósito atolondrado, pero agravó su sentimiento de frustración”.

“La guerra, que hasta entonces no había sido más que una palabra para designar una circunstancia vaga y remota, se concertó en una realidad dramática”.

“En realidad no le importaba la muerte, sino la vida, y por eso la sensación que experimentó cuando pronunciaron la sentencia no fue una sensación de miedo sino de nostalgia”.