La ajorca de oro

Autor: Gustavo Adolfo Bécquer

Fecha publicación:  28 de marzo de 1861

Género: Leyenda

Una leyenda escrita por Gustavo Adolfo Bécquer que apareció por primera vez en el periódico El contemporáneo en el año 1861. La ajorca de oro forma parte del compendio de leyendas escritas por el autor denominadas Leyendas de Bécquer.

Resumen y sinopsis

La ajorca de oro narra cómo fue que María Antúnez le pidió a Pedro Alonso de Orellana que robara una ajorca de oro que pertenecía a la Virgen del Sagrario, la patrona de Toledo.

Aunque Pedro Alonso en un principio se negó, tras la insistencia de su amada aceptó robar la ajorca de oro. Pero, cuando por fin tuvo la joya en sus manos, la mente del joven se desequilibró y cayó en la locura.

Es una novela que mantiene el interés del lector en todo momento, pues combina magistralmente ciertos elementos reales con la ficción.

Sobre el autor

Gustavo Adolfo Bécquer, escritor español, nace un 17 de febrero de 1836. El reconocido autor español es considerado el principal representante de la poesía posromántica y una influencia en figuras tan importantes como Rubén Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y los poetas que conformaron la generación del 27.

La obra de Bécquer resalta por ser extensa, pero también por sus rimas, que dieron paso a la corriente romántica de poesía intimista: esa que se oponía a la que hacían los poetas románticos anteriores.

Las Rimas de Bécquer suman en total ochenta y seis composiciones. De las cuales, setenta y seis fueron publicadas por primera vez en 1871 por los amigos del autor, quienes alteraron el manuscrito original. Por su parte, la prosa destaca, al igual que la poesía, por su musicalidad, sencillez y sensibilidad.

Entre las principales obras del autor se encuentran: Rimas y leyendas, Cartas desde mi celda y El libro de los gorriones.

Gustavo Adolfo Bécquer murió en Madrid, España, el 22 de diciembre de 1870.

Resumen de La ajorca de oro

La ajorca de oro nos cuenta lo que tuvo que hacer Pedro Alfonso de Orellana, un valiente y apuesto joven, para mantener el amor de María Antúnez, su caprichosa novia. El muchacho la amaba con ese amor que no sabe de límites y que es capaz de hacer lo que sea para mantener la felicidad de su amada.

Pasa que un día Pedro encontró a su novia María llorando desconsoladamente. Tal situación llamó la atención del joven, quien no dudó en preguntar cuál era la razón del llanto de su novia, pero ella prefirió no responderle y optó por seguir llorando.

En vista de que María no paraba de llorar, Pedro insistió y volvió a preguntarle sobre la razón de aquella tristeza. Ella decidió contarle que había estado en la catedral de Toledo y que vio la ajorca de oro que llevaba en el brazo la virgen del sagrario. María le contó a Pedro que la joya la había dejado impresionada, pues el brillo de esta era impresionante, por lo que deseaba que fuera de ella.

Tras escuchar lo que decía su amada, Pedro le prometió hacer lo necesario para que ella estuviera feliz. Además, le dijo que a él sí le daba un poco de miedo robarle a la virgen pero si tal acto servía para que ella dejara de sufrir, él con gusto iría tras la ajorca de oro.

Pedro fue hasta la catedral dispuesto a robar la ajorca de la virgen y entregársela a su novia María. El joven se dirigió a las gradas de la catedral, se paró frente a la virgen y una vez frente a ella sintió que el miedo invadía su cuerpo, pero aún así decidió seguir con su promesa de robar la ajorca. Entonces, el muchacho pensó que lo mejor sería cerrar sus ojos para así no ver el rostro de la virgen y coger con mucho cuidado la ajorca de oro.

El muchacho logró tomar la ajorca, pero el miedo siguió invadiendo su cuerpo, no lo dejaba ni un instante, ni siquiera podía abrir los ojos. Pasado unos minutos por fin los abrió y se dio cuenta que lo que había hecho estaba muy mal, pero ya era demasiado tarde para él.

Pedro quiso gritar mas no pudo, porque su voz había desaparecido, además comenzó a ver como las monjas, santos, ángeles, demonios, damas, pajes y villanos que llenaban la catedral caminaban todos hacia él. El miedo que sintió fue tan grande que no aguantó más y se desmayó a los pies de la virgen.

Al otro día, los empleados de la catedral encontraron a Pedro aún tendido en el suelo, a los pies de la virgen y entre sus manos la ajorca de oro. Los hombres lo ayudaron a reaccionar, pero, para sorpresa de estos, Pedro despertó y comenzó a gritar, mientras veía a la virgen. El muchacho salió corriendo de la catedral, pero antes puso la ajorca a los pies de la virgen.

Después de aquel incidente, Pedro nunca más volvió a ser el mismo: el joven enloqueció y, debido al terrible pecado cometido, vivió bajo la locura por el resto de su vida.

Frases 

“Ella se enjugó los ojos, lo miró fijamente, arrojó un suspiro y volvió a llorar”.

“En su seno viven el silencio, la majestad, la poesía del misticismo y un santo honor que defiende sus umbrales contra los pensamientos mundanos y las mezquinas pasiones de la tierra”.

“Ella era hermosa, hermosa con esa hermosura que inspira el vértigo”.

“Él la amaba; la amaba con ese amor que no conoce freno ni límites”.

“A sus pies oficiaban, en presencia de los reyes, de hinojos sobre sus tumbas, los arzobispos de mármol que él había visto otras veces inmóviles sobre sus lechos mortuorios, mientras que, arrastrándose por las losas, trepando por los machones, acurrucados en los doseles, suspendidos en las bóvedas ululaba, como los gusanos de un inmenso cadáver, todo un mundo de reptiles y alimañas de granito, quiméricos, deformes, horrorosos.”